domingo, 20 de diciembre de 2009



Pensar en atravesar un trecho angosto embadurnado en aceite de oliva es una idea que provoca sensaciones encontradas. Por un lado, la mesura, la inconfundible impronta de la gente que le da un sentido lógico a las cosas; por el otro, la transgresión, que se acerca más a un ideal artístico que a una sopa de tomate. La verdad está ahí, al alcance de la mano. Una calculadora es verdad; un perro es verdad; la verdad es verdad, y la mentira es verdad. Y así, la pequeña niña pudo encontrar el camino de regreso a su casa, donde sus padres la esperaban con un pie de manzana. Su madre dijo que lo había horneado, pero en realidad era de una panadería atendida por un anciano con problemas de próstata.

No hay comentarios: